domingo, enero 22, 2006

Memorias de una Geisha, una oportunidad perdida

En mi manía de al ir a ver una peli basada en un libro antes leer este, el mes pasado calló en mis manos “Memorias de una Geisha” de Arthur Golden. Todo un bestseller superventas hace unos años, ¿y qué me encontré?. Pues eso mismo, lo que es un bestseller, una novela que pese a que no aspira a convertirse en un hito de la literatura universal la devoras y disfrutas en cada capitulo, aunque luego a la larga la olvides como una de tantas lecturas que pasan por tu vida.

Pero en mi caso Memorias de una Geisha ha sido distinto, no ha sido una lectura de usar, tirar y olvidar. Ha cruzado la línea que hay entre la indiferencia y el interés que me puede motivar una lectura y todo pese a la falta de originalidad del libro de Golden, falta de originalidad en cuanto a que no nos cuenta nada novedoso, Memorias de una Geisha no deja de ser un bonito cuento de hadas, una nueva vuelta de tuerca de la Cenicienta contado una y mil veces ya.
Por tanto si la originalidad no es la nota diferenciadora de Memorias de una Geisha si que lo es el exotismo en que se desarrolla esta historia, ese extraño mundo que es el barrio de Gion en Kyoto, sus habitantes, sus okiyas, sus casas de té, en definitiva el fascinante mundo de las Geishas.

Pero lo más importante son los personajes, la humanidad que destilan, con todo lo bueno y todo lo malo que tiene la misma. Y así lo comprobamos en la carne de Sayuri, nuestra cenicienta protagonista. Somos testigos de su difícil devenir diario, de sus alegrías y sus penas, de sus logros y sus fracasos, todo ello maravillosamente contado de tal forma que la vieja historia se convierte en algo nuevo o que al menos lo parece. Eso es lo grande de Memorias de una Geisha.

Y es una pena porque la película de Ron Marshall no me ha producido la sensación que tuve al leer el libro y es que no alcanza toda la magnificencia, todo el grado de sentimiento que tiene la novela.
Y es curioso porque una de las sensaciones que produce leer el libro es lo cinematográfico que es el mismo, y la perversa sospecha de que Golden lo ha hecho a idea, que cuanto más puedas llenarte los bolsillos, mejor.

La película, pese a ser fiel a grandes rasgos, busca atajos argumentales y narrativos (como ejemplo la compresión en apenas un par de minutos de los primeros capítulos o la desaparición del verdadero final del libro), despojando en el proceso de todo el lirismo y la fuerza dramática que destilaban las páginas, aparte que hay cambios y diferencias con respecto al texto original que me parecen totalmente innecesarios, ya que no aportan nada y no hacen más que restar aún más si cabe fuerza a la obra.
Y todo ello pese a que el elenco de actores me parece en rasgos generales muy acertado, más en el elenco femenino que en el masculino, polémicas aparte de la nacionalidad de los protagonistas, esa Ziyi Zhang que con su delicada presencia nos regala una maravillosa Sayuri embrujándonos de manera que no podemos apartar la mirada cuando aparece en pantalla; la Mameha de Michelle Yeoh que da el toque necesario de sabiduría que necesitaba el personaje y Li Gong que borda el papel de Hatsunomo.

Por eso es un doble pesar que teniendo una materia prima tan excepcional como era el libro y tan magníficas actrices nos haya quedado una película en definitiva tan descafeinada.
Una autentica pena, una oportunidad perdida.

1 comentario:

Tafkac dijo...

De acuerdo, aunque en parte. La película está rodada exquisitamente, con unas actuaciones más que ejemplares y una banda sonora sublime del maestro plagiador. El problema es que no consigue crear tensión y aprovechar algunos momentos muy propicios.